AMPLIANDO TU MARGEN DE ACCIÓN

Publicado el 24 de septiembre de 2026, 19:13

A veces necesitamos parar para adquirir nuevas perspectivas.
Imaginar lo imposible para ver dónde están los límites de lo posible.

Cuando estamos demasiado encerrados en nuestras propias percepciones, deformamos los hechos sin ni siquiera darnos cuenta y podemos acabar tomando decisiones no sobre lo que está ocurriendo, sino sobre nuestra interpretación de lo que ocurre.

Tomando derroteros basados en nuestras fantasías. Cuentos infantiles no superados, sin moraleja ni final feliz.

 

Visualizar la arquitectura de nuestra percepción es un camino de retorno.

Observar desde dónde miramos. Qué hemos construido. Qué sostenemos todavía. Qué límites existen realmente y cuáles hemos levantado nosotros.

Necesitamos eliminar las nubes que nos impiden ver el sol.

Durante muchos años trabajé como arquitecta. Sentía una neblina indefinida de insatisfacción. A pesar de disfrutar con los procesos, al final solo quedaba vacío.

No veía una dirección, un espacio de salida, ni tenía claro qué no me gustaba o qué quería o necesitaba, pero sí sentía que algo no estaba bien.

Tu historia no tiene por qué ser la mía, pero he aprendido cómo navegar sin rumbo y escuchar la voz interna que da dirección cuando no hay estrellas que indiquen el camino.

También he aprendido que podemos pasar mucho tiempo buscando una salida dentro del mismo mapa.

Y quizá la salida no esté ahí.

AMPLIAR EL MARGEN DE ACCIÓN

Ampliar nuestro margen de acción no significa simplemente hacer más cosas.

Significa percibir otras posibilidades.

Ver dos caminos donde antes solo veíamos uno. Cuestionar una estructura que considerábamos inamovible. Descubrir que aquello que parecía un límite quizá era solamente el límite de nuestra manera de mirar.

Queremos estar bien y eso implica empezar a reconocer nuestras necesidades.

Necesidades.

No caprichos ni deseos. Necesidades.

Si es necesario, desmontar las estructuras que construimos sobre terrenos ajenos. Quitarnos las ropas que no nos corresponden. Quedarnos con lo esencial y, desde ahí, volver a habitarnos y reconstruirnos.

No es valentía. Es la corriente de la VIDA que nos arrastra a destinos que nunca imaginamos.

Y llega un día en el que te sientas al sol y te das cuenta de que no es perfecta. Pero apunta hacia la verdad.